Circo de la Ausencia

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Circo de la Ausencia / Cruzando el Charco

Circo de la Ausencia / Cruzando el Charco

Bajo la carpa del “Circo de la Ausencia” encontramos una serie de personajes extrovertidos que manifiestan situaciones socio-políticas a través de sus desafiantes actos circenses. Por medio de dichos actos nos enfrentamos a realidades que trastocan nuestra identidad puertorriqueña. Por ejemplo: nuestra perpetua condición colonial, la escasez de liderato político, la diáspora del siglo 21, la carencia de sustentabilidad alimentaria, la ley de cabotaje, la salud mental del país, el capitalismo desenfrenado, las voces en contra de la diversidad y perspectiva de genero, entre otros. Estos temas se trabajan desde el mundo interior de cada uno de los personajes reflejando el delirio actual en el que vivimos.   Los colores, el juego, la transformación, el humor, las destrezas fantásticas y la sorpresa son parte esencial de este universo que invita al espectador a ponerse en los zapatos de los protagonistas y reflexionar ante cada acción que ejecutan.

El concepto y realización de este proyecto se finaliza a principios de agosto 2017 casi como un acto de clarividencia sin saber el futuro histórico que nos tocaba vivir en Puerto Rico. A raíz de la devastación del Huracán María en septiembre 20 del 2017 el contenido de la exposición a tomado un giro inesperado por la relevancia del material trabajado. La palabra AUSENCIA se ha convertido en un asunto popular que nos incita a visualizar propuestas que nos ayuden a solucionar los contratiempos actuales.

En esta ocasión, el colectivo artístico Y no había luz establece este ambiente radiante través de su trabajo interdisciplinario que combina la escultura, la instalación, las máscaras, los títeres, el teatro y la pintura para lograr cautivar la imaginación.   El trabajo socio-cultural que llevan desarrollando hace 13 años permite al conjunto acercarse a temas pertinentes logrando establecer puentes de dialogo entre el espectador y la exposición. El intereses es crear espacios para que el público se sensibilice y se identifique con la realidad actual del puertorriqueño por medio del arte.

Ensayo por Rosa Luisa Márquez

Y ahora, respetable público, o mejor dicho, público solamente, como anuncia Lorca en La zapatera prodigiosa:
los Y no había luz se aprestan a congelar sus acciones para mostrarnos un país de teatrinos detenidos en el tiempo. Nosotros entonces, seremos actores y espectadores de este circo en miniatura. Hoy, los Y no había luz no estarán corriendo por los campos, ni manipulando cabezudos gigantescos que lloran ríos de gasa y arrastran casitas en su cauce, ni lanzando bolas gigantes al público para jugar con él. Esta vez la puesta en escena va en escala pequeña. Nosotros seremos los gigantes. Tal vez esta opción corresponde a la propuesta minimalista que exigen los tiempos. Ellos están mirando hacia adentro para pintar el afuera con la paleta multicolor que les caracteriza. Es como si las narices cuadradas de su montaje Cutendencia crecieran para alojar a los habitantes de un cirquito, El circo de la ausencia.
Y ausentes estarán los inmensos gestos en amplios teatros y espacios abiertos. Sin embargo ellos, los Y no había de la ausencia, estarán con nosotros de cuando en vez y de vez en cuando para vigilar de cuerpo presente, las cajitas mágicas, la múltiples casitas de ventanas abiertas para que el público las interprete, complete y proyecte memorias pasadas y saltos imaginativos en el tiempo.
El circo recuerda la historia del género en Puerto Rico, el del personaje evocado por Luis Rafael Sánchez en su Fábula del andarín que caminaba hasta extenuarse dando vueltas en un ring de boxeo en las plazas de los pueblos durante los años de la Depresión, con tal de recibir unos centavos para alimentarse; hoy, se morirían de hambre esos andarines porque tanto Hacienda como las ordenanzas municipales prohibirían su caminar performero; el los circos al comienzo de la televisión con el payaso Pinito y Gaby, Fofó y Miliki que nos ponían a bailar y cantar (El sombrero de Fofó…); el Circo Paradise de Familia Rodríguez, con su payaso Tomatito que en los años setenta y ochenta viajaba con su carpa de pueblo en pueblo y de plaza en plaza.
Este circo en episodios de Y no había luz nos fuerza a deambular por el espacio de la Galería del Sagrado Corazón como si estuviéramos contemplando el horizonte arquitectónico de la urbanización Roosevelt con sus estructuras casi cuadradas. Nos hace pensar, a los más adultos, en nuestro andar por la calle San Francisco durante los años ochenta, cuando nos topábamos de cantazo con el Circolo de Luis Oliva que nos invitaba a entrar y divertirnos en un lote vacío lleno de zanqueros, mimos, payasos y malabaristas.
Hoy, este circo es familia reciente y extendida de Los Mocosos y de los célebres Payasos Policías que se enfrentan con ironía a los parientes de su oficio para provocar sonrisas y generar hermandades imposibles.
Ah, y no podemos olvidar el teatrino de la Maestra Deborah Hunt, casa de Punch y Judy, ejemplo de la familia disfuncional y del teatro de la crueldad que nos llega desde Inglaterra via Nueva Zelanda. Aquí, en tres dimensiones y lista para ser activada, está La Familia Puño boricua, heredera de la tradición y la historia del teatro, que los Y no había luz multiplican desde tantos lugares y tiempos.
Son taaantos circos, taaantos actos mortales en la cuerda floja ejecutados por taaantos payasos buenos y malos que trabajan extraordinariamente o se ausentan dramáticamente de carpas y Capitolios.
Esta vez son diez los teatrinos, como los dedos de la mano, como los mandamientos, como los perritos y los Ten Little Indians; diez mini mundos para que los vayan contando y descifrando. Los hay de alambre, de cartón piedra, de madera, de tela; pintados con franjas rojas y azules, con estrellas y cañones, sostenidos por imanes con la fuerza que los mantiene a todos, a objetos y teatreros, vivitos y coleando.
Tienen un dueño color margarina tóxico, con cierto parecido a… aquí la memoria pierdo y un público entusiasta de cartón que da vueltas como nosotros, en el ruedo del circo y que intenta descifrar el universo político y artístico que nos sugieren estos hacedores de luz. Queremos ver el segundo acto, cuando de cada teatrino salga una acción guiñolesca para aplaudirlos.
Mientras tanto les decimos bravo, bravísimo.
¿Qué adivinan ustedes, señores espectadores?

Rosa Luisa Márquez
San Juan, agosto, 2017

Reportaje El Nuevo Día

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fotos del proceso:

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